
Recordaba aquella tarde de febrero, cuando entre los abrumadores rayos de sol, diviso esa hermosa silueta, que caminaba por la inmensa plaza.
Parecía tallada, era perfecta, tan perfecta que parecía irreal. Se acerco a ella, obnubilado por su increíble belleza. Él tartamudeaba de los nervios, ella reía, y era más atractiva aun.
Comenzaron a encaminar una hermosa relación, el creía vivir en un sueño, estar con ella era todo lo que en su vida había querido.
Comenzó a enamorarse, comenzó a tener sentimientos mas fuertes por ella, que parecía irremplazable, que lo enloquecía, que lo atrapaba, que lo hacia viajar lejos de la realidad, lejos de cualquier preocupación y cualquier miedo.
Aquel sábado, antes de salir, repaso su engominado cabello y arreglo su camisa. Iba a declarársele, a declarársele seriamente, a confesarle que ella era su verdadero amor, su ángel de ensueños, su hada, su princesa.
Se paró en la esquina de la plaza, aquella plaza donde la vio por primera vez,, era temprano, pero igual ella estaba allí, sentada en un banco bajo la sombra de un árbol. Su apariencia era tan radiante como siempre, pero su rostro no, su rostro marcaba tristeza.
Él se sentó en el banco y por algún motivo había un silencio poco convencional que hasta daba un clima de incomodidad que a él no le gustaba.
Ella se corrió el pelo de la cara,, lo abrazo, le dio un beso en los labios y dijo "perdóname, lo nuestro no puede ser" y sin nada mas para decir se fue corriendo, tratando de dejar atrás aquella hermosa relación, tratando de olvidarla como si hubiera sido pecado.
Él quedo solo, en aquella plaza, sobre aquel banco, bajo aquel árbol,, esperando que ella regresara y le dijera que todo fue un malentendido ...

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